Que el mercado de segunda mano se ha visto en alza con la llegada de la crisis es un hecho. Cuando antes era una moda ‘retro’ o ‘vintage’, ahora se ha convertido en una necesidad en muchos de los casos. De ahí la proliferación de todo tipo de establecimientos por las calles de las ciudades que ya no solo es que vendan ropa de segunda mano (algo muy habitual antes de la crisis) sino que ahora venden prácticamente de todo: ropa, muebles, aparatos electrónicos,…., cualquier objeto que sea susceptible de quedarle algún uso es posible encontrarlo en estas tiendas de segunda mano conocidas también como rastrillos.

Pero que exista un mercado de segunda mano para prácticamente todo lo que queramos no quiere decir que haya cosas que deban comprarse en este tipo de establecimientos. Por diferentes circunstancias y aspectos, hay productos o servicios que sería mejor que los adquiriésemos nuevos ya que los riesgos que corre el comprador de los mismos si lo hace de segunda mano son elevados y no compensa económicamente las consecuencias que puedan tener los descuentos frente al precio de los mismos nuevos.

Un ejemplo claro de lo que estamos indicando son, por ejemplo, los neumáticos de segunda mano para los coches. Tengamos en cuenta que son os zapatos del vehículo. No sabemos la vida que han tenido anteriormente con lo cual no sabemos la que les queda. Pueden tener defectos ocultos que acaben provocando un accidente que nunca compense el ahorro de haberlos comprado de segunda mano frente a unos nuevos.

Otras de las cosas que no es muy adecuado comprarlas de segunda mano son aquellos productos vinculados al aseo personal. Ya no es que puedan ser objeto de transmisión de enfermedades, alergias o algo similar, sino que, lo primero de todo en este caso es que es algo antihigiénico.

Siguiendo en esa línea por ejemplo, otro de los productos que no consideramos que sea bueno adquirirlo de segunda mano es el calzado. Este se adecúa al que lo lleva, con lo cual si posee algún tipo de defecto al andar eso se reflejará en el uso y desgaste del calzado. Quien lo adquiera de segunda mano no va a amoldar su caminar al zapato, sino que este será el que lo amolde a él, con el consiguiente peligro para la salud que eso conlleva.

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