El concepto de hipotecas baratas proviene de la época del boom inmobiliario donde la ‘guerra’ por la captación de nuevos clientes a través de este producto hizo a algunas entidades ofrecer a los nuevos clientes hipotecas a diferenciales muy bajas, libres completamente de comisiones y sin casi vinculación de contratación para que se les concediese.

También conocidas como hipotecas low-cost, fueron ofrecidas principalmente por las entidades financieras online, pero no de forma exclusiva. El caso es que estas hipotecas baratas reducían mucho el margen de beneficio de las entidades financieras y apostaban por ganar su margen con la mayor vinculación de los clientes.

La bajada brutal de los tipos de interés ha hecho que estas entidades financieras hayan incurrido en pérdidas ya que, en muchos casos, tras las revisiones anuales de tipos de interés, el cliente acababa pagando un tipo de interés (Euribor + diferencial) menor del que la entidad tenía que pagar a la entidad que le prestó el dinero a ella y que acabo dando al hipotecado con lo cual no solo redujo beneficios sino que tiene pérdidas.

Este tipo de hipotecas baratas han pasado a la historia y ahora cualquier entidad, en la mejor de sus ofertas, ya añade un diferencial considerable, mínimo el +1,50%, a la vez que obliga a una fuerte vinculación en la contratación de otros productos, algo que le asegura a la entidad que nunca tendrá pérdidas por una hipoteca concedida.

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