Los créditos de cualquier tipo han estado restringidos durante el último lustro en el que la crisis financiera ha estado en boca de todos. No solo afectó el cierre del crédito a las empresas, sino también a los particulares, tanto para financiaciones de viviendas como para financiaciones de bienes de consumo.

Esto redundó por lo tanto en una reducción del consumo que, a su vez, trajo aparejado el cierre de empresas o negocios, así como que los que quedaban abiertos, necesitasen menos inversiones y pedir menos créditos porque redujeron de forma alarmante su actividad.

Con lo cual, el negocio bancario de los créditos y de cualquier otro tipo tuvo una reducción.

Cuando para muchos lo peor ha pasado de la crisis, otros pensamos justamente lo contrario, las entidades financieras se han dado cuenta de que o abren los créditos de nuevo o desaparecerán y en esas estamos. Algunas comienzan a abrir la mano a la hora de conceder créditos y préstamos pero muy lentamente, con lo cual queda claro que el ritmo de concesión de créditos que había antes de la crisis nunca volverá.

Lo que está claro que el abrir el grifo de los créditos es algo necesario si queremos reactivar el consumo y, por lo tanto, la economía, así como la regeneración del tejido empresarial e industrial del país.

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